La energía eólica – EVE
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La energía eólica

La energía eólica aprovecha la fuerza del viento para generar electricidad mediante aerogeneradores. Es una de las fuentes renovables más consolidadas y con mayor crecimiento en el mundo, con una potencia instalada global que supera ampliamente los 1.000 GW y una contribución significativa por parte de Europa. Las previsiones para la energía eólica en 2030 apuntan a un crecimiento significativo a nivel global y regional, con una capacidad instalada mundial que podría alcanzar los 451 GW.

El viento es un recurso inagotable y limpio. Su uso contribuye a reducir la dependencia de combustibles fósiles y a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que contribuye al cumplimiento de los objetivos climáticos internacionales.

La energía eólica se desarrolla principalmente en dos modalidades: terrestre (onshore) y marina (offshore), cada una con características y retos propios.

La eólica terrestre se instala en tierra firme, normalmente en zonas con buen recurso eólico. Su conexión a la red eléctrica es más sencilla y los costes son menores que en el mar, lo que la convierte en una tecnología madura y competitiva. Entre sus ventajas destacan la menor complejidad logística y el coste reducido, aunque enfrenta retos como el impacto visual y la disponibilidad de espacio en zonas habitadas.

Por otro lado, la eólica marina se ubica en el mar, donde el viento es más constante y potente. Existen dos tecnologías principales: la fija, con aerogeneradores anclados al fondo marino en aguas poco profundas (hasta 50 metros), y la flotante, que utiliza plataformas semisumergibles para aguas profundas. Esta última es clave para aprovechar zonas con gran recurso eólico sin limitaciones de espacio, como demuestran los proyectos demostrativos instalados en Armintza (BiMEP). Sin embargo, la eólica marina presenta retos importantes: costes elevados, necesidad de infraestructuras portuarias adaptadas para aerogeneradores de mayor tamaño y complejidad regulatoria para definir zonas de ensayo.

Ambas tecnologías son esenciales para la transición energética: la terrestre aporta volumen y rapidez, mientras que la marina abre nuevas oportunidades en regiones con gran potencial eólico y espacio disponible.